Depresión prevacacional

Desde hace ya unos días tengo un humor… ¿Cómo decirlo? Algo molesto.

Como me conozco bastante bien (no por nada, pero llevo toda una vida conmigo misma) sé que, como cada año, llega la peor época para mi rutina del día a día: el verano. Se acabó la libertad de hacer y deshacer a mi antojo al menos durante las mañanas y tener tiempo para mí. Mis hijos dejarán de tener colegio en menos de una semana y los tendré en casa todo el día. Además, como son de madrugar no tengo el aliciente de poder estar más tiempo durmiendo y como yo soy cero de piscina, tampoco eso sirve para alegrarme.

Aún así, como soy una persona bastante positiva, me he hecho una pequeña lista (que espero ir aumentando, o al menos irán pasando los días y estaré de mejor humor) para hacer más agradable estos meses que tenemos por delante y no caer en depresión.

1. Realizar actividades dentro de casa. Soy muy poco manitas pero no puedo caer en el desaliento. Me he comprado varios libros de manualidades, he buscado en blogs y páginas infantiles y le he echado imaginación. En esta semana tengo que preparar un planning de actividades que hacer cuando es imposible salir siquiera a la puerta de la calle por el calor asfixiante. Además, prepararé una de películas para que vayan viendo en esos tiempos perdidos que sin duda, tendremos.

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2. Realizar actividades fuera de casa. Aunque tenemos piscina en la comunidad, no quiero que sea la única opción posible. Aunque muramos de calor, quiero que hagamos alguna visita de un día a las ciudades que tenemos cerca y también estoy buscando actividades para realizar a la caída del sol. El hipódromo o el zoo realizan este tipo de actividades. Ya os iré contando qué encuentro.

3. Ponerme al día en series pendientes y hacer maratones de películas. Como veo tantas series, ha sido imposible llevarlas todas al día así que aprovecharé cuando los niños se vayan a la cama para verlas. Además, quiero volver a ver del tirón sagas como James Bond (las de Daniel Craig, las demás no me gustan nada), Alien o X-Men.

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4. Buscarme tiempo para mí. Este es el mayor reto, porque no sé qué ocurre con el tiempo en verano que de repente te das cuenta de que no has hecho nada en todo el día pero que el día ha pasado. Una cosa muy extraña. Así que ayudada por el planning diario para los niños, voy a intentar cuadrar un tiempo para mí. Tiempo para leer, leer blogs en el ipad, actualizar mi propio blog o escribir. Tengo unas metas un poco utópicas, pero ya tendré tiempo de desengañarme cuando vayan pasando los días.

5. Planear las vacaciones. Llevamos con las vacaciones reservadas desde hace mil años y todavía queda más de un mes para que las disfrutemos pero aún así, pensaré cosas que hacer en el destino para aprovecharlas al máximo.

6. Arreglarme. No hay cosa que me haga caer más en la pereza que el calor. Pero gracias a mi maravilloso vestidor y a mi planificación de la ropa de verano puedo ver que también hay prendas con la que, si no me veo estupenda, al menos me veo medianamente bien. Seguiré maquillándome cuando salga  e incluso usando tacones más a menudo. Me pintaré los labios de rojo (he encontrado un gloss de labios que permanece y no deja marcas y del que no diré la marca porque no me pagan la publicidad) y me arreglaré las uñas. Me querré un poco, vaya.

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7. Esperaré paciente la llegada del otoño. Me acordaré de la historia del rey que quería ser siempre feliz y cuyo bufón le regaló un anillo diciéndole “Majestad, cuando estés triste, mira la inscripción del anillo”. El rey miró la inscripción y ponía “Esto también pasará”. Como todo en la vida, lo bueno y lo malo, esto también pasará. Intentaré disfrutar las cosas buenas del verano (que también las tiene) y respirar hondo cuando me agobie.

Afortunadamente, el verano es corto.

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